2.1.Una esperanza sin fin

Era el verano más caluroso de mi vida. A penas tenía dieciséis años, pero aun así notaba como no podía sostenerlo. Estaba tumbada en el césped, esperando a que mi madre llegara del médico para saber sus resultados. Hasta que entró el coche amarillo que llegaba esperando toda la tarde. Mi hermano pequeño, nada más entrar el coche, me pegó un toque en el hombro, y me dijo ''coche amarillo''. Era una de las únicas cosas que podía hacer para entretenerle. Acababan de diagnosticar un cáncer a mi madre, y ni papá ni nadie estaba para hacer cháchara. Mamá nos dijo que todo había salido bien, pero ambas sabíamos que no era así. De mientras, Charlie seguía jugando en el jardín persiguiendo gorrión que últimamente nos lo estaba dejando todo perdido. Charlie no era consciente de nada. Me daba pena no poder darle toda la alegría que se merecía, pero aun siendo así, yo lo intentaba. Papá se pasaba todo el día fuera de casa por el trabajo y mamá acababa muy cansada de los tratamientos para poder llegar a curarse. Al fin y al cabo, era consciente de que algún día acabaría todo este insomnio, y que volveríamos a correr todos juntos en el jardín como lo hacíamos en tiempos de mi infancia.

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